Vínculo y apego en la vida religiosa

Por: Mtra. Eugenia Ponce de León Álvarez*

“ Solo el que ha amado, conoce el miedo;
quien no ha amado nada, ni a nadie,
esta atado a la nada.”
(anónimo inglés)

Al estar en contacto con personas de la vida religiosa de alguna u otra manera siempre surge algo en común. El tema del amor ocupa un lugar central en la vida de todos, seamos religiosos, sacerdotes o laicos.

El amor se puede manifestar de múltiples maneras; entablar vínculos y apegos dentro de un contexto religioso estaría hablando de una persona que primero; se conoce a si misma y segundo; que es capaz de poder brindar ese amor y establecer una relación interpersonal favorable.

Habría que aclarar que queremos decir, cuando hablamos de “amor”. Al referimos al amor, no precisamente estamos hablando de un amor romántico o erótico, hay amor por los padres, hermanos, amigos, por uno mismo, amor a nuestra vocación, a nuestro destino, amor a Dios. (Velasco, 2006). Y la pregunta que nos surge es: ¿Hasta dónde puede o debe un Sacerdote, Religioso o de la vida consagrada consagrada, vincularse o apegarse a algo o a alguien?

En la vida religiosa, una de las ideas centrales que forman parte de la formación y que muchas veces es fomentada y hasta aplaudida, es la de no apegarse a las cosas materiales, a la familia y mucho menos a las personas.

Primero sería importante dar una definición de lo qué es el vínculo y como se establece el apego.

El primer vínculo que conocemos como seres humanos, es aquel que se da con ese otro que nos cuida, nos protege, nos alimenta y nos da cariño, que la mayoría de las veces es la madre y en ciertos casos es un sustituto de ésta, como: abuelas, nanas o hasta el mismo padre. Desafortunadamente también podría ser el caso de que lo anterior ocurriera de forma opuesta es decir: un bebé al que tal vez no lo cuidaron, o no fue bien alimentado o no le brindaron amor y cariño.

Aprendemos a vincularnos con esa primera persona que nos brinda todo lo anterior. Entonces el bebé se queda para toda la vida con esa primera experiencia, haya sido buena, mala o regular. Lo interesante es que ésta primera relación está condenada a repetirse de por vida, es decir: “Aquellos que han tenido vínculos afectivos seguros con sus madres, es más probable que posteriormente desarrollen relaciones armónicas de apoyo con sus hermanos, amigos, compañeros. Mientras que aquellos que tuvieron una infancia sin apoyo de sus padres, aunque hayan logrado ser adultos seguros, es muy probable que sus relaciones adultas se vean modificadas por la influencia de sus vínculos tempranos.”( Bowlby, 1988).

Sólo después de haber establecido esta primera relación, el niño puede desarrollar posteriormente formas distintas de apego y seguirá este mismo patrón de relación durante toda la vida, esto se deberá justo a las experiencias tempranas de cuidado.

Este patrón de relación, también se verá afectado, cuando en el desarrollo temprano ocurre una separación o una experiencia de pérdida. La experiencia de separación se refiere básicamente a que la madre o cuidador se separe por diversas razones del bebé y dejando claro que entre más separaciones ocurran y el tiempo sea más prolongado, posiblemente lo resentirá en la forma de percibir el afecto y más aun si la madre o cuidador muere o abandona, al fin y al cabo las dos son una perdida para el bebe. ( Bowlby, 1988)

Dentro de la comunidad religiosa éstas relaciones entre “Hermanas, Hermanos, Sacerdotes” es inevitable “vivir en comunidad” precisamente se refiere a esto, se pueden realizar las actividades propias de cada congregación, sin tener que dejar de establecer relaciones interpersonales con los demás y con uno mismo también.

Curiosamente lo que hemos podido captar con nuestro trabajo en cursos impartidos a religiosos y sacerdotes, es que muchas veces llevan viviendo años juntas, realizan actividades en conjunto y no saben absolutamente nada de la otra persona y viceversa, no hablan, no se expresan y solo dejan ver muy poco sobre quienes son. El ser sacerdote no implica que se tiene que vivir en total aislamiento, con esto nos referimos a que muchas veces se cae en el activismo y sí, en cierta manera se acercan a la gente, pero no de forma en que se pueda establecer una relación de apego, de amor.

Muchas personas de la vida consagrada, nos han comentado que la cuestión de no vincularse se ve como algo positivo, como una aptitud, pero creemos que lo que de pronto se olvida, es que no importa si son religiosos, sacerdotes, laicos, lo principal es saber que somos humanos y nunca dejaremos de serlo. Nacemos dependiendo de nuestra madre o cuidador y en gran parte, durante la vida dependeremos de otros para distintas situaciones, entablaremos relaciones buenas, malas, lo que importa al final es que sean significativas, que nos alimenten, que nutran nuestro corazón, para nosotros mismo sentirnos plenos, completos y por que no amados, para poder amar.

* Psicóloga clínica por parte de la UDLA, Maestría en psicoterapia psicoanalítica por la Asociación psicoanalítica Mexicana.

Referencias bibliográficas

Bolwby, J. (1988) A Secure Base New York: Basic Books.
Velasco, F. (2006) Los amorosos y sus descontentos México DF: lumen.

0 Responses to “Vínculo y apego en la vida religiosa”



  1. Leave a Comment

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s




November 2009
M T W T F S S
« Oct   Dec »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30  

Enter your email address to subscribe to this blog and receive notifications of new posts by email.

Join 1,306 other followers

Blog Stats

  • 25,480 hits

%d bloggers like this: